Sara CANTELI (Oviedo, 1999) es una joven, sólida y resuelta artista que realiza en su obra una transposición casi literal de las ideas y sensaciones que bullen en su interior. Desde hace diez años desarrolla su trabajo artístico con firmeza, articulando colecciones que dialogan entre sí y revelan una búsqueda constante de un lenguaje propio.
Esa voluntad de ser fiel a su estilo la lleva, paradójicamente, a transitar caminos divergentes en los modos de expresión hasta encontrar aquel que siente como suyo. Esta actitud, al margen de modas y de imperativos externos, nos ofrece una pintura sincera en su mensaje.
Años despues de que Sara Canteli decidiera continuar la creación artística como uno de los ejes de su dedicación, asistimos a una depuración de la pintura que realiza basada en aquellos orígenes. Si en 2019 se abría al público con una obra matérica, colorista, cargada de connotaciones simbólicas de sentido cósmico y títulos de tono mitológico y literario, ahora en 2025 desarrolla un mundo de paisajes depurados en profundidad, tonos y sentido que enlazan con su antigua devoción por el paisajismo romántico británico y en particular por J.M.W. Turner.
Hoy Sara Canteli pinta de manera insistente paisajes al óleo en los cuales elije celajes de ámbitos difusos, caracterizados por el colorido variable y la difuminación, desde el ardor intenso de un incendio a los espacios de quietud y reposo. El quid de estas series reside en parte en la voluntad de elegir la belleza y la quietud conocedora de las vicisitudes de la existencia, en un mundo tormentoso marcado, como siempre lo ha sido, por fronteras y conflictos de todo tipo. La quietud basada en la observación meditativa es su herramienta para expresar ese mundo creativo que propone paz y belleza que emergen de su interior. Los óleos sobre lienzo y también sobre soporte de acero corten en panorámicas curvadas aluden a sus característicos títulos de inspiración literaria.
Además esta artista trabaja incansable en adquirir nuevas herramientas. A este fin persigue conseguir los secretos de la figuración, que desarrolla en un mundo de flores en que enuncia su temporalidad inicial. Logra así algunas obras de carácter limpio, semidesnudo, en la que mediante la representación de flores o mínimos bodegones y la mano con el pincel que las trabaja entre otros recursos, se abre un campo nuevo de expresión por el que desea batallar. La frontera de las tópicas dicotomías entre figuración y abstracción para ella carecen del sentido de tabú que algunas corrientes vanguardistas del pasado predicaron como casi dogma.
Por otro lado, sigue empeñada en la creación en el mundo de la instalación de objetos, tan querido para ella en etapas anteriores.
Me felicito de haber visto la capacidad y plenitud de esta joven y madura artista, que ha buscado maestros que le modelaran su modo de hacer sin ella instalarse en una única y cómoda elección. Mi enhorabuena por sus logros con el deseo de que obtenga el reconocimiento que merece, lo mismo que a Sala Sola y a las instituciones y galerías en las que viene exponiendo.
Julia Barroso Villar, Catedrática de Historia del Arte, Universidad de Oviedo (2025)